
Una suave luz toca mis labios,
y mis pensamientos se vuelven terciopelo rojo
para todo el resto de mis sueños.
La paz muerde a la ironia,
la guerra acaba con el hombre, con el hambre,
mientras tanto, una mirada lejana apunta
hacia un blanco certero.
Y la verdad se anuda,
con un banderin blanco,
que marca el territorio,
en un campo de golf,
de voz verde y tierna figura,
de apenas dos años de ternura.
Y hay más guerra en mi corazón,
juicio en mis pulmones,
entrañas en mis venas,
que sangre en mi destino.
La paz vuelve a morder,
con su cotidiana mordacidad,
donde el pobre luce sus harapos,
mientras que el rico,
no sabe ya que comprar.
Y la verdad se ajusta a la mentira,
en su cinturon de castidad,
cuya llave está en el fondo del mar,
en una playa del Paraguay,
en la ciudad de los Porques,
en la provincia de Todomedatodoigual.
Y los peregrinos se vuelven hombres de letras,
los fariseos arquitectos del alquitran,
santones de lo agridulces,
licenciados de lo que dirán.
Y el protocolo es una excusa,
para ser lo que se és,
como un cuento que acaba con un fueron felices,
porque se ha terminado la tinta de este guión.
autor: Fco. Peiró
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